
El cargo de directora administrativa no es tarea fácil. La confrontación verbal en la mesa de neogicación, los juegos de poder en las asambleas, la abrumadora cantidad de papeleo sobre el escritorio y todo tipo de rigurosas exigencias bastan para disuadir a quienes codician el puesto. Sin embargo, la actual directora administrativa parece llevarlo todo a término con facilidad. Todo el mundo sabe que, sin importar a qué cruento problema o absurdo desastre se enfrente, su figura gris plateada siempre resulta incisivo y solemne, e inspira confianza de manera natural.