
Aferrarse a ideales vacilantes. Correr y gritar sobre la tierra roja y salvaje, luego dormir, y al despertar, haber crecido. Elegir los grilletes que uno mismo se impone. Sobrevivir como una hoja afilada, investigar, interrogar, cazar, sin fin, entumecido y frío. Aguardar el veredicto prometido. Recoger los brotes podridos y adentrarse juntos en el invierno, hasta abrazar la última esperanza de la vida: la muerte, cálida y serena.