
Los místicos destellos de las luz que emite la bola de neón se entremezclan con las delusiones de los traviesos ángeles, tejiendo un entramado de colores difíciles de distinguir. Como cualquier otro deseo capaz de resultar fatal, es peligroso e incierto, pero no encuentras excusas para rechazarlo. La obsesión por desentrañar la delusión no pudo superar la tentación de entregarse a ella. «Si dices que esto parece unas salchichas de pulpo cortadas en flor, te convertiré en una». La capitana de los Ángeles de la Delusión fulminó con la mirada a un miembro de su equipo.