
Durante el desarrollo de este amplificador, la capitana Magas no dejaba de repetir «No está lo suficientemente caliente, no es lo suficientemente intenso», exigiendo que el fabricante aumentara la temperatura hasta casi alcanzar el punto crítico de fusión del material. El artesano tuvo que trabajar soportando las quejas de Magas, las disculpas de Orfia y el vapor sofocante. Finalmente, con un agudo zumbido de sobrecarga, el amplificador especial, forjado a temperaturas infernales y templado mil veces, había sido terminado, y al enfriarlo emitió un estruendo digno de su dueña.