
Un coleccionista refinado, un astuto ladrón de arte, un estafador detestable, un bastardo arrogante... La gente tiene cientos de definiciones para él. Quienes lo tienen en el punto de mira odian su mera presencia, y quienes lo defienden lo adoran como un símbolo de la justicia. Los rumores en las calles lo describen como un loco que juega con fuego, y los aristócratas lo consideran un portador de maldiciones. Tiene miles de máscaras, pero ninguna es la verdadera.