
Las medicinas no son ni misericordiosas ni crueles. Simplemente, cumplen con su propósito de curar una enfermedad y provocan efectos secundarios acordes. A un guerrero no le importa cuánto dolor o amargor traiga consigo una medicina. El destino está escrito, así que para que sus flechas lleguen a un lugar mejor, no le queda más remedio que pasar por ese mal trago.