Un monstruo refinado a partir del miasma y los recuerdos de cierta asceta; todo momento de dolor, angustia y desolación consolidados en esta caótica forma.
Al final, no era sino una lamentable imitación, carente del valor necesario para dar un paso al frente, carente de la determinación de partir sin dejar rastro. Sin embargo, para su creador esto era suficiente: como una pieza de ajedrez, esos recuerdos llenos de dolor eran un poderoso combustible, suficiente para causar un gran revuelo en la Cavidad y exponer todos aquellos secretos al mundo.
Así, impulsada por recuerdos que no le pertenecían, el miasma que la engendró la inquietaba, la proximidad de los seres etéreos la enfurecía, e incluso mientras vagaba por su propio territorio, permanecía constantemente ansiosa.
Solo una vez, cuando persiguió a un humano hasta el borde de la Cavidad y vio la expresión de terror en su rostro, su instinto de cacería fue repentinamente suprimido por un impulso extraño, y se detuvo involuntariamente. Cuando la silueta del desafortunado desapareció por completo, sintió una emoción cercana a la satisfacción que nunca había experimentado antes.
Sin embargo, esta satisfacción no duró mucho, pues un grupo de humanos con armaduras negras comenzó a invadir frecuentemente su territorio, sin inmutarse ante ninguna amenaza. La ansiedad y el cansancio la fueron aplastando gradualmente, todo cuanto se movía ante sus ojos debía desaparecer. ¡Desaparecer! ¡¡¡DESAPARECER!!!
...
«Ahora... pongamos... un final... a esto...».
Extraño, ¿qué era esa voz?
«... Hay una profunda conexión... ¡Solo la persona que ató el nudo puede deshacerlo!».
Esos recuerdos enterrados bajo la locura despertaron. Sí, sí, ¡ese era exactamente el sonido que resonaba repetidamente en lo profundo de sus recuerdos! El instinto aún la urgía a atacar, pero su cuerpo titubeó. Su mirada siguió ese cabello plateado similar al suyo, solo queriendo confirmar si la persona que emitía esa voz era realmente la figura que aparecía una y otra vez en sus recuerdos.
Así fue como recibió un golpe directo en la espalda a corta distancia, el dolor agudo que emanaba de su núcleo casi la destruye, pero aun así escuchó un suave susurro:
«Perdóname, pero es mi deber...»
Aunque no logró comprender el significado de aquellas palabras, aquella familiar sensación de satisfacción la inundó una vez más. Se dio cuenta de que algo verdaderamente aterrador la tenía a su merced, y, aunque probablemente moriría por ello, no había escapatoria posible.
Finalmente, su fuerza se agotó por completo. Pero en ese último momento, por fin, pudo verla claramente. No era exactamente tal y como la recordaba, y esa breve percepción trajo consigo un atisbo de soledad. Y, sin embargo, prefería aquella versión a aquella en la que sus desgarradores gritos resonaban en sus recuerdos.
«Pérfida miasmática», un nombre ciertamente apropiado para esta criatura espectral y cruel. Hemos pensado usar ese nombre en los registros. ¿Qué piensa usted, maestra?
«Como dice el antiguo dicho, "nombrarla no hace la realidad menos insondable de lo que puramente es". Un nombre es tan solo eso, mientras sea fácil de pronunciar, está bien.»